Las principales evidencias de la desecación del Mediterráneo vienen de la erosión producida por los principales ríos que drenaban a este mar, y que produjeron enormes gargantas de más de un kilómetro de profundidad, comparables al cañón del Colorado. La marca dejada por esta erosión en el registro sedimentario se ve hoy en día en todo el Mediterráneo, excepto en sus zonas más profundas.
A partir de la reducción de intercambio de agua con el océano comenzó la precipitación de sales en el fondo del Mediterráneo.
La conexión definitiva del Mediterráneo con el océano se conoce como la inundación Zancliense. También producida por varias hipótesis.
Los nuevos estudios, publicados en Nature, indican que el mar Mediterráneo tardó en llenarse de unos meses a dos años. Lo que provocaría una enorme erosión en la parte más occidental del mar dejando el perfil del lecho marino que conocemos hoy en día, con profundidades de hasta más de un kilómetro en las zonas del mar de Alborán.
En pocos meses, la cuenca occidental del Mediterráneo se habría llenado y el agua alcanzado el estrecho de Sicilia, donde se emplaza la barrera que la separa de la más profunda cuenca oriental. Aquí se habría producido un segundo vertido de agua, esta vez en forma de cascada alta de 1,5 kilómetros.



