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El hundimiento del Thistlegorm

Noche del 6 de octubre de 1945, 02.00 AM. Es una noche de luna llena. El vigía de proa sobrelleva su guardia aburrido. Llevan dos semanas anclados esperando autorización para el cruce del canal y llegar por fin a su destino, Alejandria.

Los bares de la ciudad supondrán un cambio agradable tras semanas de tensión en el mar a causa de los submarinos y la tediosa espera a las afueras del canal. El capitán Ellis ha ordenado no bajar la guardia y mantenerse atentos, llevan demasiado tiempo atracados en la zona, pero en dos semanas no ha ocurrido absolutamente nada, solo la espera interminable.

 

Es tal el tráfico naval por esta causa en el canal de Suez, que el caos domina la situación y su cruce se lleva a cabo por estricta prioridad según la urgencia del material transportado, tamaño y tiempo de espera, ya que la actividad de la luftwaffesobre el canal era frecuente y su cruce, peligroso. Es por esto que tras llegar al Mar rojo en la tercera semana de septiembre, el capitán del Thistlegorm recibe ordenes de anclar el barco y mantenerse a la espera de ordenes, ya que el canal está bloqueado por dos barcos bombardeados que han colisionado e interrumpido la navegación.


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 La zona de espera no es un área frecuentada por la aviación alemana y es relativamente segura, pero los servicios secretos alemanes reciben un soplo. Un barco enorme, quizás el Queen Mary, se encuentra anclado a la entrada sur del canal esperando cruzarlo y cargado de tropas de refuerzo, unos 2.000 hombres.

Ante tamaña presa, la luftwaffe lanza desde Creta dos bombarderos Heinkel He 111 hacia el área indicada con la misión de intentar localizarlo y hundirlo.

Así, tras horas de patrulla infructuosa tratando de localizar sin suerte al transatlántico cargado de tropas, los pilotos alemanes, a punto de dar la vuelta por motivos de combustible, descubren al Thiselgorm pacíficamente atracado al noroeste de Shag Rock.

 

Su situación no puede ser mejor para una misión de bombardeo. Vuelan bajo y con la luna a su espalda en ese momento. Esto impide su localización a los vigias del barco y dificulta el uso de la artillería antiaérea. Por el contrario, su visión del objetivo es inmejorable, totalmente iluminado por la luz de la luna y recortado contra la negra oscuridad del mar.

 

Un murmullo sordo comienza a oírse. En el mar es difícil identificar la dirección, el agua no ayuda. El murmullo se oye ahora mas claro. Aviones, sin duda alguna. El vigia empieza a oir los motores de aviones pero no podrá localizarlos, ni averiguar si son amigos o enemigos hasta el último y fatal momento. Suena la alarma y toda la tripulación corre hacia sus puestos de combate, la mayoría a medio vestir.

 

Dos bombarderos Heinkel he 111 de largo alcance en vuelo bajo aparecen de pronto y sueltan su letal carga de bombas sobre el Thistlegorm. Dos impactos de bomba sobre el barco son confirmados por los tripulantes de los bombarderos. Segundos después, una bola de fuego sacude el barco. Uno de los proyectiles alcanza la cuarta bodega, la que iba llena de munición de diverso tipo, la cual explota partiendo prácticamente el barco por la mitad y provocando su hundimiento de forma instantánea, llevándose la vida de nueve de los cuarenta y cuatro marinos que tripulaban el barco. Lo último que ven los pilotos mientras se alejan es el barco objetivo hundiéndose rápidamente envuelto en llamas y casi partido en dos. Misión cumplida.

 

En el camino de vuelta, a poca distancia de la zona del ataque, uno de los Heinkel divisa otro buque grande atracado. Apenas unos dias mas tarde, el Rosallie Muller correrá la misma suerte que el desafortunado Thistlegorm.

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